Bukowski, sobre los asesinos de perros

Los envenenadores de perros son legión, actúan furtivamente, y rara vez los atrapan. Como si no tuviéramos suficiente muerte, ellos juegan sucio con lo poco que hay. ¿y me querían mandar a la guerra para salvar a tipos como esos? Los envenenadores de perros por lo general son antiguos vecinos del barrio, respetables, religiosos, propietarios, y a menudo sin hijos o con hijos que han crecido y no quieren verlos más. Los envenenadores de perros suelen andar entre los 55 y los 70. La mayoría de ellos amaba a los animales de chicos, pero la sociedad americana y lo que ella extrae del cuerpo, la mente y el alma puede producir monstruos muy especiales. Casi todos están preocupados por la propiedad y los “derechos de la propiedad” como ellos los llaman. Y como no tienen otra cosa que abrazar, su mundo se reduce a eso. No hace mucho hubo un doctor por acá que aporreó un cachorro hasta matarlo con el mango de su pistola.

Ni siquiera era un perro adulto. Y lo hizo abiertamente, en su jardín, con los chicos y la gente mirando. (yo no estaba ahí). Su excusa fue que el cachorro no tenía derechos en su propiedad. Siendo médico y alimentado con la adoración de la gente hacia los médicos y con sus dolares, resultaba más atrevido y estúpido que sus hermanos mataperros. El caso fue a los tribunales, pero no sé cómo terminó.

No lo publicaron o me perdí esa edición. Probablemente fue absuelto o lo multaron con $15. La propiedad, la propiedad. Yo tuve un lindo perro una vez (mitad lobo, mitad collie, pero amable, amable). Un día lo estaba paseando y él se paró a mear sobre una planta que estaba enfrente de una inmobiliaria en beverly boulevard.

Yo lo había entrenado para que lo hiciera en los baldíos, pero él meó en la planta. Y salió el tipo de la inmobiliaria gritandome: “¡hey, saca ese perro de ahi! ¡hey, hey, hey! ¡el pis es veneno, meo mi planta!” Podías oírlo gritar desde bensenville, illinois. Yo lo miré, miré su cara ¡ácida y sus ojos y su cuerpo colgando ahí. “no controlo el pis de mi perro”, le dije con tranquilidad.

"¡bueno, que mee en otro lado, sácalo!" No me moví. El perro o yo, cualquiera de los dos podría haberlo matado. "tu arbolito de mierda no se va a morir", le dije. "y si se muere, te lo pago". "¡¡saca ese perro de acá!!" Nos quedamos parados hasta que se fue otra vez adentro a contar sus pedacitos de ganancia. A veces pienso que esos tipos casi saben que están muertos, que son feos, que están gastados, y no quieren ver a nada ni a nadie feliz y despreocupado; ni siquiera pueden ver a nadie infeliz, del modo en que nosotros somos infelices. Hay que hacerlo a su manera. Un auto atropelló a mi perro después de mi última separación. Le había dejado el perro a ella. Los animalitos domésticos casi nunca mueren de viejos.

¡cómo odio este puto mundo y sus modos y sus valores! Blaz, te vas a recuperar del perro (los perros) muerto, pero no de aquello que lo mata: la bandera americana. El dinero. La propiedad. Los habitantes muertos de ciudades de horror, locura y miedo. Cristo, cristo.

Charles Bukowski a Douglas Blazek, 22 de marzo de 1966

(Source: riepa.org)

Simplemente se había cansado del juego idiota de los seguros, de las pequeñas oficinas y altos compartimientos de cristal, de los clientes; simplemente se había cansado de estar engañando a su esposa, de que ella le engañara a él, de apretujar secretarias en los ascensores y pasillos; se había cansado de las fiestas de Navidad y las fiestas de Año Nuevo y de los cumpleaños, y pagos de plazos de coches nuevos, y pagos de muebles, y luz, y gas, y agua -todo el condenado tinglado de necesidades.

Charles Bukowski