La institución conyugal

El capitán Camilo Techera siempre andaba con Dios en la boca, buenos días si Dios quiere, hasta mañana si Dios quiere.

Cuando llegó al cuartel de artillería, descubrió que no había ni un solo soldado que estuviera casado como Dios manda y que vivían todos en pecado, retozando en promiscuidad como las bestias del campo.

Para acabar con aquel escándalo que ofendía al Señor, mandó llamar al sacerdote que oficiaba misa en la ciudad de Trinidad. En un solo día, el cura administró a los soldados de la tropa, cada cual con su cada cuala, el santísimo sacramento del matrimonio en nombre del capitán, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos los soldados fueron maridos desde aquel domingo.

El lunes, un soldado dijo:
–Esa mujer es mía.
Y clavó el cuchillo en la barriga de un vecino que la estaba mirando.

El martes, otro soldado dijo:
–Para que aprendas.
Y retorció el pescuezo de la mujer que le debía obedienciar.

El miércoles…

- Bocas del tiempo, Eduardo Galeano.

Teología/1

El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.
Han pasado los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia.
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno… Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el
pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.

- Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

impunidad: Recompensa que se otorga al terrorismo, cuando es de estado.

Diccionario del Nuevo Orden Mundial - Eduardo Galeano

(Source: )

Yo no creo que valga la pena vivir para ganar. Creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte que debes hacer, y no lo que te conviene.

El mundo está preso de un sistema de valores que coloca el éxito por encima de todas la virtudes, y es una fuente de virtudes. Y que en cambio condena el fracaso. Perder es el único pecado que en el mundo de hoy no tiene redención. Estamos condenados a ganar y ganar.